Las redes sociales y su impacto en la democracia

21 de noviembre de 2022by ES_

A día de hoy, las democracias de todo el mundo viven momentos difíciles, motivado en gran medida por la polarización, la desinformación, y por la gran desconexión que existe entre los políticos, los partidos y la sociedad. Debido a que los representantes elegidos democráticamente no han sido capaces de proporcionar soluciones reales y eficaces a los altos niveles de desigualdad socioeconómica que viven sus conciudadanos.

Es por ello, que las redes sociales y la mensajería instantánea, se han convertido en el mejor escenario para demostrar la excesiva demagogia, la baja credibilidad y las promesas incumplidas, dejando patente en tiempo real el desprestigio de los políticos, y el descrédito de los partidos e instituciones. Este postureo social de la clase política, a través de la confrontación de opiniones a golpe de tuit, han contribuido a generar una percepción colectiva de bochorno, hartazgo y desconfianza entre la opinión pública.

Es verdad, que formamos parte de un ecosistema digital, donde cada día los algoritmos están moldeando nuestro comportamiento, además, de decidir que la notoriedad digital es el premio que reciben todos aquellos individuos que atacan, critican o ridiculizan al otro, contribuyendo de esta manera a crear desinformación y polarización en la sociedad, lo cual, merma claramente la credibilidad de las fuentes oficiales.

De hecho, estos algoritmos se han especializado en ser eficaces en el ámbito de la contienda política, y han demostrado que pueden ser muy útil para manipular a las personas o grupos de personas, con el fin último de que hagan extensivo su descontento social, llegando a poner en jaque la estabilidad democrática en varios países desarrollados y emergentes.

Esta realidad digital, donde las opiniones y excentricidades de los políticos son elogiados o criticados a partes iguales por ejércitos de voluntarios, ha impactado de tal manera en la sociedad, que tenemos la percepción que todo se exagera y sucede muy de prisa, hasta el punto que muchas veces nos cuesta entender y comprender lo que pasa a nuestro alrededor.

Antes de seguir, me gustaría dejar claro que estoy a favor de la evolución tecnológica, así como, del uso de las redes sociales y la mensajería instantánea que nos han ayudado a conectar personas; y al mismo tiempo, nos han facilitado acceder a la educación y a la cultura, permitiéndonos a los usuarios almacenar, gestionar y transmitir información que creemos relevante en diversas etapas de nuestra vida.

Sin embargo, las redes sociales y la mensajería instantánea también se han consolidado como un activo estratégico muy eficaz para que la desinformación, las mentiras y los bulos, tengan más relevancias e impacto que las propias fuentes oficiales en un determinado contexto. Llegado a este punto, es oportuno señalar que la crisis de desafección hacia la clase política, los partidos y las instituciones del Estado, no ha sido generada por las redes; sino más bien por la falta de voluntad e inacción política a la hora de resolver las demandas ciudadanas que preocupan con urgencia a las personas.

La hiperconectividad nos ha llevado a ser testigos, y a estar sometidos a las ocurrencias y excentricidades de los lideres político de todos los niveles en las redes sociales, desviando la atención frente a lo urgente e importante que demanda la sociedad. De ahí que, el entorno digital sea el escenario favorito para que abunden las mentiras, los bulos, la desinformación y las descalificaciones que nos están moldeando a ser peores personas.

Bajo esta premisa, podemos confirmar que la comunicación política ha cambiado, y con ello también el comportamiento de las personas que se dedican a la política. Es por ello, que es muy habitual encontrarnos en las redes a políticos  de todas las siglas proponiendo voluntariamente, soluciones fáciles a problemas complejos y estructurales a golpe de tuit.

Por consiguiente, necesitamos aprender a tener pensamiento crítico, para exigirles a nuestros políticos responsabilidad, transparencia y eficacia en su gestión pública para afrontar los desafíos de futuro y seguir avanzando en justicia social, ya que, tanto los partidos políticos como sus representantes han decidido trasladar el debate a las redes sociales, contribuyendo de esta manera a consolidar la polarización ideológica, poniendo en peligro el consenso social y la calidad democrática.

Debo reconocer que valoro mucho el trabajo de los políticos, básicamente porque los políticos son referentes sociales, y su comportamiento en cuanto a lo que dicen o hacen suele influir notablemente en la sociedad. De ahí que, me preocupe enormemente, las opiniones, las excentricidades o las peleas públicas viscerales de los políticos a golpe de tuit; ya que contribuyen a menoscabar su reputación, y al descrédito de su organización política porque son ellos los impulsores de generar un clima de radicalización, confrontación, crispación y polarización permanente en la opinión pública.

Incluso, muchos medios de comunicación se han adaptado a esta moda digital para atraer lectores o audiencias, y para conseguirlo han dejado de informar para crear titulares que promueven el sensacionalismo de la noticia, la dramatización y la exageración, lo cual, favorece que una gran parte de la sociedad perciba hartazgo, desconfianza, miedo e incertidumbre constantemente.

En resumen, la tecnología, y sobre todo las redes sociales y la mensajería instantánea están colaborando activamente para modificar el comportamiento social, ya que se han consolidado como el escapare idóneo para viralizar los mensajes sesgados de los lideres populistas, extremistas o figuras públicas que amenazan la estabilidad de la convivencia democrática con su radicalidad, exabruptos e incontinencia verbal.

La sociedad civil es sabedora del poder de atracción e interacción que tienen las redes sociales, y que su injerencia en el ámbito político es algo imparable. Estos canales de comunicación digital son facilitadores para expandir y viralizar el argumento táctico de partidos políticos, movimientos sociales o grupos de presión con intereses específicos, donde predomina los mensajes emocionales cortos y simples, frente al mensaje racional; llegando a convertirse en la herramienta más moderna de la propaganda política.

A pesar de ello, la gente cada día está más preocupada de sobrellevar de la mejor manera posible su vida personal y profesional, que debe compaginar con la saturación mediática, el estrés digital, la desafección política y la incertidumbre de aquellos factores que no podemos controlar a nivel individual y colectivo. De ahí que, la tecnología este contribuyendo a que tengamos menos actitud y tiempo para leer, reflexionar y contrastar la información, que nos llega a los dispositivos móviles.

Dicho de otra manera, todos debemos ser corresponsables de minimizar la frustración y la polarización social; y los lideres políticos, están obligados a dejar de banalizar la realidad a través de las redes sociales para no seguir erosionando la convivencia democrática. Básicamente, porque la ciudadanía cada vez exigirá más eficacia, responsabilidad y compromiso a sus lideres políticos, para que brinden soluciones a sus problemas estructurales de una manera seria y escalable. De lo contrario, la desafección política seguirá creciendo entre los electores de posiciones más moderadas, y cada vez será más complejo recuperar la confianza perdida, y sobre todo, mantener una calidad democrática digna.

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